Páginas vistas en total

sábado, 25 de mayo de 2013

14-02 PRIMER CAPITULO

Aquí os dejo el primer capitulo de este relato, fue escrito para un eBook que al final no vio la luz por motivos ajenos a mi persona y que aun a día de hoy desconozco.
El eBook esta basado en San Valentin, pero la idea era hacer algo contrario a esa figura, un relato de anti San Valentin.
Lo que he hecho es escribir nuevamente la historia para presentárosla en formato de capítulos, espero que sea de vuestro agrado y sin mas os dejo con el primer capitulo de el relato. 









14-02


Viernes 12 De febrero de 2012:

Alicia se miró en el espejo, dejó correr el agua mientras recorría su propio reflejo inquisitivamente, la misma mirada perdida, ausente. Se lavó la cara con agua fría mientras Roko jadeaba ansioso a los pies de la alfombra, iba siendo ya la hora de su paseo.
Roko era un amigo fiel, quizás el único con el que Alicia podía contar, era un pastor alemán con un porte excelente, parecía un perro digno de ganar concursos caninos de belleza. 
A veces Alicia pensaba que no hacían buena pareja, una chica como ella tan “simple” y un perro de esas características.
Alicia cerró el grifo, cogió una toalla y se secó la cara, Roko subió las orejas sabiendo que su liberación estaba cada vez más cerca. Alicia se soltó la bata y se quedo en ropa interior, por un momento dirigió la mirada a sus pechos que ella consideraba demasiado pequeños, un complejo más. 
Se puso su camiseta negra de “Los Ramones”, una sudadera un poco vieja y ajada, también de color negro, no es que fuera nada glamuroso pero si muy caliente y efectiva contra el viento y la humedad. Se puso unos vaqueros negros coronados con una gran hebilla donde se podía leer “ROCKER”, Roko comenzaba a ponerse nervioso y a mover el rabo cada vez más rápido, en el preciso momento en el que la mano de Alicia tocó la correa, Roko se puso en pie y caminó hacia ella –“¡buen chico!”- exclamó Alicia mientras le colocaba la correa de cuero negro alrededor de su fuerte cuello.

Fuera el frío helaba hasta el alma, era un frío húmedo, punzante, algo normal dada la capa de espesa niebla que venía desde las profundidades del río, el paisaje podía parecer un tanto gótico, algo que a Alicia lejos de intimidarla le fascinaba.
No era necesario mirar antes de cruzar la carretera, ya que por ese lugar no solían circular coches y menos una vez caída la noche, la carretera moría un poco más adelante para dejar paso a una pista de difícil acceso que no conducía a ningún lado, un par de fincas abandonadas donde nunca solía subir nadie eran el final del camino. 
Alicia cruzó la carretera mientras Roko caminaba a su mismo paso como si se tratara de un desfile militar, sabía que unos pasos después sería liberado de la dictadura de la correa y podría correr por el parque dejando salir sus instintos más primarios.
Una vez que Alicia pisó la hierba soltó la correa de Roko, este se sentó a sus pies esperando aprobación -“¡vamos corre!”-  gritó Alicia, antes de terminar la frase Roko ya estaba a una buena distancia.
Alicia se quitó las botas y los calcetines, le gustaba sentir la hierba húmeda bajo sus pies a pesar del frío. Se adentró, poco a poco, camino de la orilla del río, era una zona muy poco transitada, por lo que la iluminación era más bien escasa, apenas unas farolas ubicadas en la otra orilla del río reflejaban algo de luz. Ese era su mejor momento del día, alejada del instituto, de la familia, a solas con Roko, lejos de la gente, al fin y al cabo, se sentía incomprendida por los adultos, menospreciada por sus compañeros, tampoco a ella le despertaban especial simpatía para ser sinceros, pero ese paseo, esa rutina diaria, era su vía de escape.
Mientras Alicia caminaba bordeando el río Roko corría de un lado para otro como si estuviera persiguiendo sombras, siempre guardaba una distancia invisible con su querida ama, de forma que nunca perdían contacto visual, pero esa noche algo iba a cambiar...

De repente Roko hizo algo inusual en él, se metió en una zona de árboles y arbustos frondosos, la oscuridad no permitía ver hacia donde se había dirigido exactamente  -“¡¡Roko!! ¡¡Roko!!”- gritó Alicia sin respuesta. No era nada usual que Roko perdiera contacto visual con ella, la protegía siempre con la mirada, no le gustaba que nadie se le acercara, por eso la preocupación de Alicia por su amado can fue en aumento -“¡¡Roko!!”- gritó con más fuerza aún. Como respuesta el silencio, un silencio tan frío y penetrante como la niebla que cada vez era más densa y más húmeda.
De repente algo se movió entre la maleza, de entre las ramas apareció Roko como si nada, con una rosa de un color tan rojo como Alicia no había visto jamás, como si al sangrar un rosal y espesar la sangre hubiera aparecido esa tonalidad de rojo. Roko se acercó a ella como un autómata y la colocó suavemente a sus pies como una ofrenda. Alicia no pudo eludir las preguntas que le venían a la cabeza ¿cómo Roko había desaparecido tanto tiempo? ¿De donde había sacado esa rosa? Y como podía existir ahí, en ese lugar, una flor así, tan perfecta, en un sitio donde solo hay maleza y mala hierba y ella jamás había visto una flor y menos aún un rosal.
Su primera idea fue la de dejar la rosa en el suelo, no cogerla, pero era tan bella que no pudo evitar llevársela a casa.

Era ya la hora de cenar, a Alicia no le apetecía preparar nada y ese fin de semana estaba sola en casa porque sus padres y su hermana mayor se habían ido a esquiar, ella pasaba de ir a aparentar ser la familia feliz con los estirados de los amigos de sus padres y los pijos de sus hijos, por lo que decidió quedarse en casa, no sin antes tener una fuerte discusión con sus progenitores, pero eso no le importaba, estaba ya más que acostumbrada. -“Roko hoy comeremos los dos unos manjares de microondas”- dijo mientras sonreía. La noche era fría y aburrida, no había nada que ver en la televisión, dejó los envases en la mesa del salón y se dirigió a su habitación, daba por concluida la velada y se disponía a dejarse caer en los brazos de Morfeo, Roko se tumbó en su manta y se hizo una bola. Los ojos de Alicia se cerraban poco a poco y ella no hacia nada por evitarlo.

-“Alicia, ¿te gusto mi regalo? La flor más bella del jardín para ti.”-
Sobrecogida despertó, estaba sudando como si hubiera hecho un gran esfuerzo, sus extremidades apenas le respondían, tenía la garganta seca, por un leve momento creyó ver una sombra a través de la ventana, luchaba con todas sus fuerzas pero no podía levantarse, en su mente la duda ¿era real la voz que había oído o solo un destello onírico? Se concentró al máximo y al fin pudo levantarse, se acercó a la ventana lo más rápido que pudo, Roko seguía dormido en su manta ajeno a todo lo que ocurría a su alrededor, eso extrañó a Alicia aun más que la misteriosa voz y que la posible visión de esa sombra simiesca. Ya frente a la ventana dudó por un instante si mirar o no a través de ella, al fin se decidió.
La verdad es que poco podía verse, estaba bastante oscuro, era una de las pegas de vivir al otro margen del río en aquella vieja casona, la falta de civilización. De repente sin saber bien porque su mirada se centró en un lugar concreto, y ahí como una vela que se extingue poco a poco pudo apreciar una sombra, sin rasgos faciales, algo que podría explicarse por la falta de luz, pero ¿qué hacia ahí de pie? Solo en la inmensidad de la noche y mirando fijamente hacia su ventana...